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Fascismos Historia

El Día del Recuerdo, las foibas y la institucionalización del victimismo nacionalista en Italia

de Pedro Castrillo

Cada 10 de febrero se celebra en Italia el “Día del Recuerdo”, conmemoración institucional que pretende recordar una supuesta limpieza étnica que, según la propaganda nacionalista, habrían perpetrado los partisanos de Tito contra la población italiana tras la Segunda Guerra Mundial en la frontera nororiental del país. Esta narración, totalmente priva de un apoyo historiográfico, esconde intencionadamente los crímenes del Estado italiano en esas zonas y alimenta una cultura nacionalista, acrítica con su propia Historia y que rezuma racismo hacia los pueblos oprimidos por el país transalpino durante la primera mitad del siglo XX.

de Pedro Castrillo
Inédito

Si nos atenemos al plano estrictamente bélico, el español ha sido el único Estado europeo en el que el fascismo —representado por su principal expresión autóctona, el nacionalcatolicismo franquista— nunca ha sufrido una auténtica gran derrota. Uno de los efectos culturales de este hecho histórico es que, en términos generales, la retórica dominante de los grupos fascistas, parafascistas, filofascistas o criptofascistas españoles raramente se encuentra atravesada por narraciones victimistas (con ciertas excepciones, no poco mediatizadas, como los fusilamientos de Paracuellos). Todo es honor y gloria para los victoriosos combatientes que derrotaron al terror rojo y frenaron la conspiración judeomasónica en 1939, llegando a mantenerse (explícitamente) en el poder durante casi cuarenta años.

En cambio, en un país como Italia, donde el régimen de Benito Mussolini sufrió una doble derrota —contra el ejército Aliado y contra la Resistencia interna—, las cosas son bastante distintas. El victimismo ha sido y es un elemento fundamental en el modo de autonarrarse de los movimientos neofascistas, que aún hoy día siguen utilizándolo para esconder sus propios crímenes. Tras años de propaganda*, la retórica victimista ha conseguido penetrar hasta el tuétano en las instituciones del Estado y la cultura dominante del país transalpino.

*Téngase en cuenta que el primer partido neofascista (esto es, surgido tras la caída del régimen fascista de Mussolini) fue el Movimiento Social Italiano (MSI), fundado en 1946 por varios exministros mussolinianos, explícitamente «en oposición al sistema democrático y para mantener viva la idea del fascismo».

La historia de las foibas
En 1943, tras el arresto de Benito Mussolini, el ejército nazi invade el Reino de Italia. En su extremo nororiental (ocupado actualmente por la Región italiana de Friuli-Venecia Julia, y por parte de Eslovenia y Croacia) el vacío de poder que duró hasta el establecimiento de la nueva administración desencadenó revueltas contra los representantes del viejo régimen. En la península de Istria, de mayoría eslava, la élite política y económica local, de origen principalmente italiano, fue objetivo de la ira popular, tras años de italianización forzosa. En este contexto, parte de la minoría italiana que habitaba esas zonas emigró hacia tierras más italianas, es decir, menos hostiles con el poder central del Reino.

Durante esas revueltas, igual que había ocurrido en épocas anteriores, fue práctica común deshacerse de los cadáveres en foibas (foibe, en italiano): cavidades naturales que aparecen cuando una parte del techo de roca se derrumba por encima de un vacío. Se trata de estructuras geológicas típicas de esas áreas geográficas, las cuales, debido a su origen calcáreo (kárstico), se encuentran atravesadas por cientos de kilómetros de grutas y ríos subterráneos, con frecuentes aperturas hacia la superficie.

Un par de años más tarde, el 1 de mayo de 1945, el Ejército Popular de Liberación yugoslavo (dirigido por Josip Broz Tito y que contaba entre sus filas con combatientes italianos) se adelantó a los Aliados, obligando a los nazis a rendirse en la ciudad de Trieste, capital de la provincia adriática del Tercer Reich. Tras la desbandada nazi, se produjeron multitud de juicios sumarios contra «enemigos del pueblo», es decir, condenas a muerte por motivos políticos (con la excepción de alguna que otra venganza personal). Muchos de los cadáveres de las personas juzgadas —funcionarios nazis, colaboracionistas, italianos de la élite local y otros— acabaron también en las foibas de los alrededores de la ciudad.

El Día del Recuerdo y el fetiche nacionalista
A pesar de la abundante historiografía existente sobre este uso práctico y no simbólico o político de las foibas como simples fosas comunes o tumbas improvisadas, desde los años 70 se ha extendido una determinada propaganda según la cual miles y miles de personas habrían sido enfoibadas —esto es, ejecutadas y posteriormente introducidas en foibas— por el mero hecho de ser italianas. En este tipo de relatos, los crueles verdugos se caracterizan prácticamente siempre por ser, al mismo tiempo: partisanos, comunistas y yugoslavos.

Esta narración, que no encuentra apoyo alguno en auténticas fuentes históricas, se nutre de un nacionalismo italiano que se ha exacerbado en las zonas cercanas a Trieste desde que éstas fueran anexionadas al Reino de Italia tras la I Guerra Mundial. Un nacionalismo que nació y se desarrolló íntimamente unido a un sentimiento antieslavo el cual hunde sus raíces en la misma Unificación italiana.

No obstante, no se trata solo de los desvaríos revisionistas de unos cuantos fanáticos anticomunistas. En 2004, el gobierno de Silvio Berlusconi, bajo iniciativa de uno de sus socios, el partido neofascista Alianza Nacional, declaró el 10 de febrero «Día del Recuerdo» (Giorno del Ricordo), con una ley en la cual se dice que su pretensión es «conservar y renovar la memoria de la tragedia de los italianos y todas las víctimas de las foibas, del éxodo de los istrianos, fiumanos y dálmatas en la segunda posguerra y de la compleja cuestión de la frontera oriental».

Estas más que ambiguas palabras no solo institucionalizaron la propaganda nacionalista, sino que encubren aún hoy las masacres indiscriminadas de poblaciones yugoslavas perpetradas por el ejército italiano durante el régimen fascista. Y el problema no es únicamente retórico o intelectual, ya que la ley que instauró el Día del Recuerdo incluye una financiación específica, a diferencia de otras efemérides similares, como el Día de la Memoria, que conmemora a las víctimas del Holocausto.

Así, cada 10 de febrero, instituciones y asociaciones financiadas por el Estado italiano celebran distintos tipos de eventos, se publican libros, los periódicos y las televisiones dedican programas especiales a la cuestión, y en colegios e institutos se divulgan historias de cómo los partisanos de Tito ejecutaron una suerte de limpieza étnica contra los italianos en la frontera nororiental. Un refuerzo anual a la cultura nacionalista ya dominante, refractaria a cualquier tipo de crítica de la historia italiana y generadora de sentimientos racistas contra los pueblos eslavos.

Cuando los verdugos se transformaron en víctimas
Un ejemplo paradigmático de esta manipulación histórica son muchas de las fotografías que cada año se viralizan durante el Día del Recuerdo, no solo en redes sociales, sino también en comunicaciones oficiales. Estas fotos pretenden utilizar el poder de la imagen para demostrar las tesis victimistas del nacionalismo italiano. Por ejemplo, la fotografía que ilustra el presente texto se comparte desde hace años con pies de foto que explican cómo «un pelotón de ejecución de partisanos de Tito» están a punto de fusilar «a ciudadanos italianos inocentes». Basta una simple observación atenta de los uniformes de los soldados para darse cuenta de que éstos pertenecen en realidad al ejército italiano, mientras que la historiografía ha demostrado que las personas a punto de ser ejecutadas son rehenes eslovenos. Pero no hay nada que hacer: la fotografía invade, invariablemente cada 10 de febrero, las redes sociales, los periódicos, la televisión, el imaginario colectivo. De ese modo, el espacio de las víctimas es ocupado, retorcidamente, por sus verdugos.

Este tipo de retórica se refuerza gracias al mito del italiani, brava gente (italianos, buena gente), según el cual la brutal represión ejecutada por el Estado italiano antes y durante la Segunda Guerra Mundial en las colonias africanas o contra los pueblos eslavos y judío no habría sido realmente una iniciativa de las élites italianas, sino un efecto de su sometimiento al yugo alemán. Los únicos malos de la película son los nazis: los fascistas italianos, en el fondo, no actuaron guiados por sentimientos de odio.

Contra el revisionismo y la falsa Historia
Por suerte, hay quien ha decidido dedicar tiempo y energías a intentar contrarrestar la deriva cada vez más nacionalista y fanática del modo en que se mira hacia el pasado en Italia. En 2012 nació, durante un intenso debate en Giap (blog del colectivo de escritores Wu Ming), Nicoletta Bourbaki, un grupo de trabajo sobre el revisionismo historiográfico y las noticias falsas de fondo histórico. Forman parte de él investigadores e investigadoras de distintas disciplinas, así como escritoras, activistas y simples apasionadas de Historia. Nicoletta Bourbaki ha publicado distintos reportajes, algunos en medios de gran tirada como la revista Internazionale, y está a la espera de ver publicado su primer libro. Entre otras cosas, los estudios independientes del colectivo han servido para demostrar que la mayor parte de los relatos acerca de las foibas exageran los datos hasta el paroxismo (aumentando en miles, cada año, el número de supuestas víctimas) y sus miembros realizan cada 10 de febrero una importante labor de contrainformación en redes. Por otro lado, el libro provocadoramente titulado E allora le foibe? (¿Y las foibas, qué?), escrito por el historiador Eric Gobetti, ha conseguido abrir una nueva brecha en la monolítica narración nacionalista sobre el tema. Iniciativas escasas, pero fundamentales para construir una memoria que no esconda los trapos sucios del poder, que reconozca a todas las víctimas sin falsas equidistancias y que ayude a generar una auténtica cultura del pensamiento crítico.

2 respuestas a «El Día del Recuerdo, las foibas y la institucionalización del victimismo nacionalista en Italia»

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